23 de enero de 2012

IMAGEN DE CABALLERO MEDIEVAL

La imagen de caballero y conquistador tuvo mucho eco en la literatura plenomedieval (s. X al s. XIV), que relató sus hazañas al servicio de la nobleza y la fe cristiana. Se nos presenta esta imagen, tal y como podemos ver en el Cid o en el “Cantar de Roldán”, como un ser violento, pero justo, fiel, pero ambicioso, implacable, pero benévolo… Y es que la etnia que toma mejor esta imagen o la etnia en la que mejor se inspira la imagen literaria, es la normanda, pues fueron estos quienes dieron al mundo un modelo fiel de caballero, de sus principios ideológicos y de sus actos expansivos. Los normandos eran considerados en su tiempo como pueblo guerrero, que con la fe cristiana y la buena preparación militar despojarían a los infieles de sus riquezas, que serían aprovechadas posteriormente por los buenos caballeros como recompensa. Ambiciosos, desafiantes, valientes caballeros bien armados con la última tecnología militar, eran los héroes que conquistaban tierras para el pueblo cristiano, y por tanto lo protegían. La violencia con la que trataban a sus víctimas es resaltable no como violencia en sí (aunque también), sino como una demostración de poder, valentía, y fe en su misión. Bartlett, lo aclara muy bien: “La imagen es, por supuesto, una representación cuidadosamente elaborada, pero no era un mero "topos" literario. La psicología de los conquistadores, la imagen que presentaban, las formas de ser que sus parientes clérigos describían y las formas de ser que percibían sus enemigos formaban una trama bien tejida. Con la que, ideológicamente, se conquistaba la mente de los territorios fronterizos.” (Bartlett, R. La formación de Europa). Claro está que toda esta literatura necesitaba una base ideológica muy superior al mero hecho de la violencia, el valor o la ambición. Por eso los relatos de estos tiempos son históricos, es decir, cuentan una leyenda en la que se entremezclan los valores caballerescos con las circunstancias de sus actos, y casualmente estas circunstancias suelen ser la justificación de los actos violentos y despiadados. Además, con la narración histórica se crea una tradición, por ejemplo familiar. Es decir, que para los descendientes del caballero les está dada la vida de caballero simplemente por las heroicidades del padre, y debido a esto es aceptado tanto en las jerarquías superiores, como inferiores de la sociedad. Se crea así una literatura con función de ley, esto es, que servía para actuar sobre la realidad, pues, en un principio, contaba la verdad, contaba un hecho histórico. “…Emprenderé la tarea de proclamar los hechos de los hombres de los tiempos modernos” dice Guillermo de Apulia, pero en realidad, no solo los contaba, sino que los justificaba para las generaciones futuras, dándole así a éstas una base teórica sobre la que desarrollar su fortuna, sus actos de poder, y mantenerse en el status privilegiado de la sociedad. Vemos así cómo la literatura, la cultura en general, es utilizada como un elemento de propaganda de la expansión cristiana, de la expansión aristócrata. Es, por tanto, para considerar "de facto" que la literatura, la leyenda, tenía un poder de convicción muy amplio y fuerte sobre los pueblos que sufrían, y sobre los pueblos que se lucraban de ese sufrimiento.

Antón Kunakov








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